Por Amor al yoga

Yoga en silla para mayores: una forma segura de empezar a cualquier edad

yoga en silla

¿El yoga en silla es una moda pasajera o algo que ha venido para quedarse? La respuesta corta: no es ninguna moda. La silla se usa como apoyo en el yoga desde hace décadas; lo que ha cambiado es que ahora se ha puesto de moda, igual que le ha pasado al propio yoga, que lleva miles de años. Así que, lejos de ser una tendencia pasajera, es un recurso de siempre, y uno de los mejores para practicar con seguridad a partir de cierta edad o cuando se tiene poca movilidad.

¿Qué es el yoga en silla?

El yoga en silla es la práctica de yoga usando una silla como soporte: para sentarte durante los ejercicios o para apoyarte en las posturas de pie. En realidad, la silla es un apoyo que podríamos usar siempre y que sirve a todo el mundo —a quien tiene una lesión o una discapacidad, a quien lleva años practicando e incluso a quien empieza—, pero para las personas mayores se convierte en algo imprescindible. Mantiene lo esencial del yoga —movimiento consciente, respiración y relajación— y lo hace accesible y seguro, sin tener que bajar al suelo ni levantarse de él.

¿Para quién es el yoga sentado?

Es ideal si:

  • Tienes cierta edad y quieres moverte con seguridad.
  • Tienes poca movilidad, artrosis, o te cuesta bajar y subir del suelo.
  • Te estás recuperando de una lesión o una operación.
  • Llevas tiempo sin hacer ejercicio y quieres retomarlo poco a poco.
  • Nunca has hecho yoga y buscas una forma suave de empezar.

Por qué la silla es imprescindible para las personas mayores

En el día a día de una persona mayor, la silla cumple dos funciones, y ahí está su gran valor.

La primera es ayudarte a hacer las posturas. No es lo mismo flexionar el tronco hacia delante de pie y con las piernas estiradas que hacerlo sentado; ni es igual con las piernas juntas que separadas. La silla abre un abanico enorme de variantes para que trabajes el cuerpo a tu medida.

La segunda, igual de importante, es darte estabilidad y seguridad. En las posturas de equilibrio, poder agarrarte al respaldo hace que practiques sin miedo a caerte, y de paso fortaleces los músculos de los pies, las plantas y los tobillos, que son los que te sostienen.

Y hay un tercer motivo, más de fondo: la silla quita una barrera. Mucha gente mayor, cuando oye “yoga”, se imagina a personas jóvenes haciendo posturas imposibles, casi de circo, y piensa “eso no es para mí”. Con la silla —y con otros apoyos como tacos, bloques o cinturones— se dan cuenta de que sí pueden hacer muchísimas posturas, ganar movilidad articular y fuerza de una forma que de otro modo no sería posible.

Beneficios del yoga en silla para personas mayores

Con una práctica adaptada y constante, los beneficios van mucho más allá de la esterilla:

  • Más movilidad y flexibilidad: reduce la rigidez articular y mantiene la amplitud de movimiento.
  • Mejor equilibrio y coordinación: clave para reducir el riesgo de caídas.
  • Más fuerza: fortalece músculos y articulaciones y cuida la salud de los huesos.
  • Mayor independencia: agacharse, alcanzar algo o levantarse se vuelve más fácil.
  • Mente más despierta: el trabajo de atención y respiración cuida la concentración.
  • Menos estrés y mejor descanso: la respiración y la relajación ayudan a dormir mejor.

En una palabra: autonomía. Mantener el cuerpo en movimiento es la mejor forma de seguir siendo independiente.

¿Qué ejercicios de yoga en silla se pueden hacer?

Prácticamente cualquier postura puede adaptarse con una silla. Enfocándonos en lo que necesita una persona mayor —mejorar la movilidad, fortalecer y estirar la musculatura, ganar coordinación y equilibrio—, estos son algunos ejemplos de lo que se trabaja (siempre con la guía de un profesor que lo adapte a tu caso):

  • Respiración consciente: sentado, espalda recta, para empezar a conectar cuerpo y mente.
  • Movilidad de cuello y hombros: giros suaves para soltar tensión.
  • Gato-vaca sentado: arquear y redondear la espalda para movilizar la columna.
  • Estiramiento de brazos y laterales: para abrir el pecho y ganar amplitud.
  • Torsión suave en la silla: mejora la movilidad de la columna.
  • Trabajo de tobillos y piernas y equilibrio apoyándote en el respaldo: para activar la circulación y ganar estabilidad.

Cómo elegir la silla para hacer yoga

Aquí conviene ir con cuidado, porque la silla de yoga se ha convertido casi en un producto de lujo: lo que hace diez o quince años costaba menos de 20 €, hoy se vende por 80 o 90 €. No necesitas caer en esos precios. Lo importante es que la silla cumpla estas condiciones:

  • Estable, que no cojee ni baile.
  • Asiento liso, mejor que de barras o listones de madera.
  • Respaldo firme (no un respaldo cómodo de sofá, sino uno que te permita sostener la espalda o agarrarte en las posturas de pie).
  • Patas con gomas antideslizantes, para que no resbale: si te apoyas y la silla se mueve, puede provocar una caída.
  • Que no se cierre sola, si es plegable. Debe costar un poco cerrarla, para que no se pliegue cuando apoyes el pie.
  • Ligera, para poder moverla sin esfuerzo de un sitio a otro.

Una silla metálica de las que se usan en yoga (que ya trae tacos antideslizantes, es ligera y cuesta un poco cerrar) cumple de sobra. E incluso una silla que tengas en casa puede servir, siempre que reúna esas condiciones.

¿Es seguro el yoga en silla?

Sí, es una de las formas más seguras de practicar, precisamente porque evita el riesgo de caídas y se adapta a cada persona. La seguridad depende sobre todo de dos cosas: de una silla adecuada (estable, antideslizante y que no se pliegue sola) y de un profesor que sepa adaptar la práctica. Aun así, si tienes una condición médica, una prótesis o una patología (osteoporosis, artrosis avanzada…), coméntalo con tu médico y con tu profesor antes de empezar.

La silla también sirve para relajarte y meditar

El uso de la silla no acaba en las posturas. Nosotros la usamos también para la relajación —por ejemplo, para relajar la vista o soltar la zona lumbar— y en las clases de meditación: hay personas que, por sus limitaciones o por la edad, no pueden sentarse en el suelo, y una silla les permite meditar cómodas y sin molestias. Es un recurso con infinidad de posibilidades.

¿Hace falta ser flexible o tener experiencia?

No, en absoluto. No hay ningún requisito para usar la silla: es justo al revés. No necesitas ser flexible ni fuerte para empezar; la silla es la que te ayuda a ganar flexibilidad y fuerza, acompañándote hasta donde por ti mismo todavía no llegas.

Lo más importante: ¿quién te guía?

Como pasa con todo en el yoga, la clave está en quién está detrás. Han proliferado clases “de moda” que enseñan cuatro ejercicios con silla y poco más: en cuanto sales de esos cuatro, nadie sabe adaptarte. Un profesor con años de experiencia, en cambio, sabe usar la silla (y cualquier otro apoyo) para adaptar la práctica a tu momento y tus necesidades. Esa es la diferencia entre una moda y un trabajo bien hecho.

Preguntas frecuentes

¿El yoga en silla sirve si tengo poca movilidad? Sí, es exactamente para eso: practicar con seguridad cuando cuesta moverse o bajar al suelo.

¿Qué silla necesito para practicar en casa? Una estable, con asiento liso, respaldo firme, patas antideslizantes y ligera. No hace falta comprar una silla de yoga cara: incluso una que tengas en casa puede valer si cumple esas condiciones.

¿Con qué frecuencia debería practicar? Con una o dos veces por semana ya se notan beneficios en movilidad y equilibrio.

¿El yoga en silla es una moda? No. La silla se usa como apoyo en el yoga desde hace décadas; simplemente ahora se ha popularizado. Es un recurso de siempre, no una tendencia pasajera.

¿Es lo mismo que el yoga para mayores? Es una de sus formas más accesibles. Dentro del yoga para mayores, el yoga en silla es la opción más suave y segura.

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